Hay muchos problemas asociados a un juego incorrecto y a una mala interpretación de lo que necesitan los perros y cómo.

Cualquier animal social, necesita los juegos para saber y poder relacionarse, eso es básico.

¿A quién no le gusta jugar? El juego, no solo cumple la función de combatir el aburrimiento y poder relacionarse con sus congéneres, también sirve para ejercitarse, aprender habilidades, trabajar en equipo y cooperación. El cerebro se desarrolla por las experiencias vividas.

Es bien conocido que a los perros les gusta jugar de diferentes maneras; entre ellos, con nosotros e incluso solos. A cualquier animal social, le gusta y necesita jugar. Pero todo en su correcta dosis y de manera adecuada. Tan grave es una falta de estimulación como una sobreestimulación.

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Una falta de juego en edades tempranas es muy probable que de adulto sea un perro con  falta de motivación para curiosear/explorar (la curiosidad es el motor principal del aprendizaje), falta de habilidades sociales y por ello peor o nula comunicación dando pie a tener conflictos con sus congéneres, además de estar más irritables y manejar peor las situaciones estresantes que se presenten, derivando todo ello en mayores problemas de comportamientos que ni nosotros, ni los mismo perros quieren.

Aprender a aceptar la frustración, a comunicarse, autocontrol.

Por lo tanto, como decía cierto anuncio, el juego es algo muy serio. Pero no todos los juegos son válidos para los perros, ni todos los compañeros de juego son recomendables.

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Hay tres reglas básicas para que el juego sea el correcto:

  1. El perro elige a qué jugar, con quien y como, igual de importante que decidir cuando se acaba el juego.
  2. Sentirse escuchados y escuchar a los compañeros de juego.
  3. Diversión. El juego tiene que ser divertido, cumpliéndose las dos reglas anteriores, el juego se vuelve divertido; por lo tanto es cuando se obtienen beneficios y podemos hablar de un juego correcto.

Reactividad en los paseos, destrozos en casa, dolor, tirones de correa, hiperactividad, hipervigilancia, ladridos, peleas con otros perros…. Y lo más común, obsesionarse con objetos, tales como palos, pelotas y presentar protección de esos u otros objetos que el perro considere valiosos porque, como cualquier adicto, no puede ni sabe vivir sin algo en la boca y aquí se puede hablar de miedos. Aparecen miedos a diferentes estímulos.

Estamos seguros que nadie quiere que su perro, pase por todo esto, igual que estamos seguros que nadie quiere tener un perro que cause problemas a otras personas, niños o perros.