Ampliamos el término Ostia a tirones de correa, gritos y correcciones de cualquier tipo.

¿Quién no ha escuchado alguna vez esa frase justificadora a manos de algún «profesional»? Pero nuestra pregunta es: ¿Cuántas ostias a tiempo se les dan a los perros al cabo del día?

Para nosotros, “una ostia a tiempo” no existe. Nunca es solo una, son muchas al cabo del día, de manera desproporcionada y siempre llegan tarde o muy tarde.

Situación: el perro está haciendo un comportamiento que no entiende la persona y le molesta, entonces se produce esa “ostia a tiempo”. El perro cesa esa actividad para evitar de nuevo el daño físico y emocional (ser agredido por alguien a quien admiras, respetas y que es tu referente causa daños emocionales, da la aparición a problemas sociales, de comportamientos inadecuados y actitudes frente a la vida. No vamos a citar la cantidad de estudios al respecto, pero os prometemos que hay los suficientes, así como experiencias y el contraste necesario como para aceptar que no es bajo ningún concepto la manera de educar a NADIE y vemos necesario una gran reflexión).

Mitos leyendas y realidad

Esas correcciones “a tiempo” son varias a lo largo del día, por morder unos cordones, por querer olisquear un pipi, por querer saludar a otro perro, por subirse al sofá, por no querer comer, por preguntar, por jugar, por no lavarse las manos… Aquí normalmente viene la justificación “le estoy educando”, pero no, insistimos en que la ciencia en el año 2024 lo avala, el uso de castigos y correcciones no educa. Para educar, hay que enseñar de manera amable la conducta que se espera, dando la alternativa aceptable a lo que no queremos que hagan.

El vínculo y la confianza, se deterioran corrección tras corrección, del perro hacia la persona y de la persona hacia el perro. Día tras día, las correcciones, castigos, deterioran la confianza, se gasta energía innecesariamente, aumentan los miedos y el estrés.

Las correcciones y los castigos, provocan que se centre toda la atención en evitar el castigo, no en aprender una acción. 

¿Hace falta que recordemos tu adolescencia? ¿Seguro que no te has escondido nunca para hacer algo que sabías que a padres/madres, le molestaba/enfadaba? ¿Por qué te escondías? Cuando algo sabemos que está mal pero queremos hacerlo, lo hacemos a escondidas, véanse también los “cuernos” que tienen algunxs…

Mitos leyendas y realidad

La prueba de ello es que terminan repitiendo esa acción incluso en la presencia de quien le corrigió por hacer lo mismo, se confían; pero se repite la “ostia a tiempo” añadiendo la frase: “¿Otra vez haciendo X? ¿No aprendiste la última vez?” (Está claro que no aprendió porque no se le educó, se le agredió por estar haciendo algo y no se le ofreció alternativa).

Lo que realmente se consigue corrigiendo y castigando es:

  • Perder confianza mutua, y dañar el vínculo con el perro/niño.
  • Elevar niveles de estrés en nosotros y en los niños/perros,
  • Generar problemas sociales,
  • Problemas de comportamientos,
  • Resolver conflictos con violencia/agresividad,
  • Hacerlo a escondidas cada vez que tenga oportunidad.

                                             No saber que está pasando, no significa que no esté pasando

Seguramente, tanto con Vladimir Putin como con otras personas abusadoras, todo empezó con “una hostia a tiempo” y así nos va.