Ahora que la palabra pandemia es tan escuchada y reconocida, vamos a hablar de una pandemia con muy difícil solución.

¡El estrés!

Éste sí ha llegado para quedarse entre nosotr@s. No hablamos de los niveles altos o picos, no, esos son necesarios. Nosotros nos referimos al estrés crónico, ese que te atrapa y no te suelta. Ese estrés que cada mañana te recuerda, a modo de diarrea, que en tu trabajo hay algo que va mal; ese estrés que te provoca dolor de cabeza, cansancio. El estrés con el que convives, el que ha provocado que hayas tirado el móvil contra la pared, o el que te ha hecho gritar conduciendo, a tus hijos o a tu perro.

También puede ser el que ha provocado el accidente en la Nacional X.

El mismo estrés que hace que tu perro ladre a las bicicletas o a niñ@s. A veces, hasta le provoca contracturas musculares y dolor (Esto, también lo compartimos). Te suena la frase: “no hagas las cosas en caliente; porque te vas a arrepentir”; y en el 99% de las ocasiones, así pasa, encima hay que escuchar luego: “te lo dije”, con lo que jode escuchar eso y tener que dar la razón.

Los perros, también toman las peores decisiones si están «en caliente».

La pandemia del siglo XX y XXI

Y es que tener estrés crónico, se ha normalizado, pero no sus efectos, prueba de ello, es que los perros, cuando muestran esos síntomas, estresa aún más.

Sin embargo, compartir la vida con un animal, reduce la presión arterial y el ritmo cardiaco. Activan las hormonas encargadas de sentir tranquilidad y felicidad, (las tan escuchadas serotonina, oxitocina, etc). Claro, cuanto mejor sea la convivencia con ellos, mejores beneficios se obtienen.

Se ha normalizado vivir con estrés en el trabajo, estudios, casa e incluso en actividades de ocio.

Deberíamos de aprovechar la lección de vida que nos dan los animales a diario; bajar ritmo de vida, tener una vida menos frenética y disfrutar del entorno.