Cuanto más respeto mostremos a la hora de enseñar, más respeto mostrarán hacia nosotros y hacia el resto. Los animales, al reino al que pertenecemos humanos y perros, aprendemos por asociación; pero también por imitación.

Hemos visto perros enseñar a otros a dar volteretas; a perros saltando ventanas imitando a gatos; perros que viven con gatos, dormir en sitios parecidos a éstos como el respaldo del sofá, en sillas enroscados….

Y por si fuese poco, las emociones se contagian. La ira y el miedo son dos de las emociones que compartimos perros y personas.

Si definimos respeto, podríamos decir que se trata de preocuparse por el impacto de nuestras acciones en los demás.

La ciencia, en el año 2024, avala que los castigos y las correcciones, no funcionan para educar. También, ha demostrado que los lobos no usan jerarquías de dominancia ni de sumisión. Y sobre todo, ha demostrado que los perros, son perros y los lobos, son lobos. La evolución, es lo que tiene. Compartir genes, no significa ser lo mismo. El ser humano y el cerdo, tienen alrededor del 90% de genes compatibles; y los cerdos son cerdos y las personas, personas (si estás pensando que hay personas más sucias que los cerdos, sí, efectivamente, tienes razón).

Los perros necesitan oler, interactuar con otros perros, subirse a sitios, bajarse, coger cosas con la boca, caminar, como también necesitan pararse y mirar el entorno y no se les permite debido a consejos erróneos.

Al no poder realizar sus acciones naturales, dejan de tener un desarrollo como seres. No se completan, no han realizado un conocimiento del entorno, por lo tanto, aparecen los miedos, los cuales, traen consecuencias de comportamientos y conductas.

“Queremos perros perfectos, en vidas imperfectas” citando a un gran profesional. Jaime “Santi” Vidal, Más que guau.

La importancia de la educación con respeto

Si el perro realiza algo que no es correcto y se le grita o corrige (en el mejor de los casos), él aprende a resolver los conflictos de la misma manera; vocalizando, o lo que es lo mismo en el caso de los perros; ladrando. A más gritos y correcciones, se añade más miedo al miedo que siente el perro en ese momento o se refuerza la alteración que está manifestando, por lo que ese comportamiento aumentará de intensidad (más número de ladridos, más seguidos, más insistentes, más agudos…).

Si está el perro está subido en el sofá, primero hay que pensar si se le ha enseñado a bajarse para dejar sitio, si le obliga a bajar de manera poco amable, es muy posible que si vuelve a subirse al sofá y se acerca alguien, se anticipe a la agresión sufrida anteriormente y muestre señales de aviso, como gruñir o enseñar dientes.

Si tratamos con respeto, recibimos respeto, y no solo entre animales humanos, si no también entre animales no humanos.

Hagamos uso de eso que se llama sentido común.