Son achuchables, nos sacan mil sonrisas y momentos que son únicos.

Son payasos de cuatro patas y pelos, si has vivido con uno lo sabes, si no has vivido con un cachorro te pierdes momentos de que no vas a parar de reírte, de sorprenderte la capacidad de adaptación y aprendizaje que tienen.

Y es que, estas bolas de pelo, necesitan descubrir mundo, necesitan experimentar, aprender demasiadas cosas, crecen por momentos y se tienen que ir adaptando a esos cambios de tamaño, no es fácil, y su torpeza lo demuestra. La falta de concentración también les acompaña, se empanan o se despistan con cualquier cosa que aparezca delante de sus ojos.

A todo el mundo le gustan los cachorros, todo el mundo los quiere tocar, coger, saludar… Aquí el primer problema. Se ha normalizado alterar a los cachorros.

Mitos leyendas y realidad

Pero no queremos hablar de las cosas que no se deberían de hacer y qué hacer. Queremos dar visibilidad a los cachorros, a su etapa, a sus emociones.

A partir de los 2,5 meses es cuando son aptos para ser adoptados y aptos para conocer una nueva vida. Nunca debería de ser antes de esos dos meses y medio.

Los primeros días que llegue, es crucial que no se quede solo, que no se le meta prisa para descubrir la casa, hablarle de manera suave y sin ningún movimiento brusco.

No sabemos a qué cabestro se le ocurrió la genial idea de decir que nada más entrar por la puerta tiene que saber cuál es su sitio y su posición en la jerarquía.

Hemos dicho que crecen a ritmo rápido y se tienen que acostumbrar a cada nuevo tamaño tanto de altura como de longitud, aunque parezca algo banal, no lo es tanto cuando vives en un piso con mesas, sillas, camas, muebles. Donde antes pasabas corriendo, de repente te chocas y tienes que agacharte, antes girabas y ahora el culo te pega, ¡si se meten tantos golpes en la cabeza que no sabes ni como no se quedan lelos!. No decimos que sea malo, todo lo contrario, necesitan esas cosas para precisamente ser conscientes de su cuerpo. Pero es muy estresante y frustrante tener que estar cada dos por tres adaptándote al entorno y a tu cuerpo.

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También decíamos que tienen que descubrir mundo, probar texturas, morder palos, hojas, raíces, hierbas y todo lo que el entorno le ofrezca…. TODO, calcetines, cordones, zapatillas, camas, telas, cables, plásticos, gomas, muebles, zapatos (y más, si son de cuero, recuerda que son carnívoros; cuero=piel), cojines y todo lo que no le oponga resistencia y le ayude a gestionar una nueva textura. Un gran error es querer quitarle todo lo que muerde si no es peligroso para el cachorro. Cuanto más pruebe, más confianza gana tanto en sí mismx y más conocerá su entorno. Si no queremos que muerda algo de valor para nosotros, es suficiente con retirarle lo que está mordiendo y ofrecerle la posibilidad de morder otras cosas que no nos importe, ya sea un juguete suyo, un trozo de tela, etc. Siempre con supervisión de que no se trague nada

Vamos con los dientes.

Son animales mamíferos carnívoros, les salen dientes de leche y les duele. A los pocos meses les comienzan a crecen los definitivos, también les duele. Hacemos la mezcla de dolor por los dientes y la necesidad de explorar y solo podemos imaginar morder, morder y morder; y si hemos descansado de morder, volver a morder. Es algo NATURAL, pero no solo para los perros, si has tenido hijxs o conoces a alguien que haya tenido, lo sabrás o lo habrás oído; “se lleva todo a la boca” “le están saliendo los dientes y le duele la boca”. Así que preguntamos, ¿qué hace pensar que a los perros no les duela?

Continuará…

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